Acatenango, acampar en un volc√°n activo en Guatemala

Acatenango es uno de los tres volcanes que rodean la ciudad de Antigua en Guatemala. Enfrente, Fuego cada diez minutos da lugar a un espect√°culo incandescente de cenizas y lapilli: acampar de noche en Acatenango permite observar este espect√°culo desde un punto de vista privilegiado.
Decidimos ir allí, a pesar del esfuerzo por llegar allí.

Fuego en erupción durante la noche

Acampar en un volc√°n activoObservar su erupci√≥n toda la noche fue uno de los grandes sue√Īos de mi vida y en Guatemala finalmente logr√© hacerlo realidad.



Incluso antes de partir por el nuestro luna de miel en mexico Estuve deambulando por las páginas web para encontrar información sobre volcanes activos en Guatemala por lo que en Antigua dedicamos todo el primer día a buscar una agencia que nos organice la excursión.

La b√ļsqueda es dif√≠cil, sobre todo por mi locura mental.

La primera agencia a la que acudimos es la Expediciones OX, uno de los más conocidos por hacer trekking sobre volcanes: hablando con la falsa rubia estadounidense en la recepción nos enteramos, además de que tienen todos sus grupos completos, quienes por seguridad también son escoltados por Policia armada, ya que solo la semana anterior un grupo de excursionistas fueron asaltados por bandidos armados que le quitó todo, incluidos los zapatos.

Imagina mi pánico. A estas alturas soy terco en tener la escolta policial a toda costa: sobra decir que ninguna de las otras agencias brinda este tipo de servicio, por lo que después de haber disparado todo el día estamos satisfechos con la agencia que me pareció la más importante. confiable: la alternativa es rendirse (y en retrospectiva les aseguro que gracias a Dios no lo hice).



Panorama de Guatemala durante la escalada

Si toma alguna guía de viaje que hable sobre Acatenango, leerá que es, con mucho, una de las caminatas más extenuantes, así como una de las más emocionantes de toda Guatemala.
La caminata dura dos d√≠as: el primer d√≠a que llegas unos 100 metros por debajo de la cima del volc√°n, donde montas tus carpas y duermes. El segundo d√≠a para los m√°s duros y puros que quieran llegar a lo m√°s alto el despertador (si duermes porque en realidad a esas alturas es dif√≠cil conciliar el sue√Īo) suena a las tres y media.
La subida es realmente agotadora, sobre todo por el peso de la mochila y por la sed.
Después de las primeras horas de caminata en un sotobosque verde, la vegetación comienza a cambiar, se vuelve más escasa. Las nubes envuelven todo y solo en determinados momentos, cuando se abren, es posible admirar la vista de los valles de abajo.

Volc√°n de agua, una de las vistas m√°s hermosas

Después de unas buenas siete horas de ascenso llegamos al punto donde instalamos las carpas para pasar la noche.
La vista es espectacular desde aqu√≠: justo en frente, muy cerca, Fuego (no es de extra√Īar que se llame as√≠) cada diez minutos con un rugido ensordecedor emite fuentes de humo, cenizas y lapilli incandescentes que luego ruedan y se deslizan por los lados escarpados marcados por el fuego.

Pero es cuando cae la oscuridad cuando comienza la verdadera magia, cuando gracias a la oscuridad los lapilli forman enormes fuentes incandescentes; este es uno de esos momentos que llevo en el corazón, de esos que después de haberlos vivido no puedo evitar agarrarme fuerte y que espero que quede vivo en mi memoria para siempre.


Un momento todos juntos frente al fuego


Pero con la oscuridad también llega la helada, los guías nos encienden una hoguera, nos acurrucamos cerca del fuego para charlar y comernos nuestros bocadillos.
Alguien saca una caja de vino, aunque solo nos conocemos desde hace unas horas, el ambiente es el que se crea entre viejos amigos, ¬°hemos formado un equipo precioso!
El cansancio de la subida se hace sentir, nos despedimos y nos retiramos a la carpa bastante temprano: me quedo un poco más para fotografiar, pero cuando intento dormir no cierro los ojos, no sé si por el altitud o por la emoción de estar aquí.


Fuego

El despertador a las tres y media es traumatizante, hace frío afuera, nos esperan las dos horas de escalada más pesadas de toda nuestra vida.

De 11 solo de cada 5 decidimos ir. A la luz de nuestros faros empezamos a subir, a las pocas decenas de metros los √°rboles desaparecen por completo y comenzamos una subida empinada completamente en las cenizas.

¬ŅAlguna vez has caminado sobre las cenizas?

Bueno, en las cenizas das un paso adelante y te deslizas un metro hacia atrás, es muy agotador. El camino no existe, el muro es empinado, tomo el camino equivocado, retrocedo un poco, estoy atascado en el mareo. La altura me marea, camino mirando hacia abajo, el frío me corta la cara.

Pero cuando mi mente me dice que no aguanto m√°s, que ser√≠a mejor parar y volver atr√°s, cuando los pulmones explotan buscando un aire enrarecido que no est√° ah√≠, de repente me doy cuenta de que a pesar de todo mi las piernas contin√ļan avanzando, lentamente, un paso tras otro.
√ą aqu√≠ me di cuenta, tal vez por primera vez, que a menudo los l√≠mites est√°n solo en nuestra mente.


En el cr√°ter del Acatenango, helado y feliz

Al final lo logr√©, los √ļltimos 30 metros son los peores, casi verticales: llego arriba, trastornado, helado y feliz, justo a tiempo para ver asomar el dorado amanecer sobre Guatemala.

La mirada barre 360 ‚Äč‚Äč¬į, puedes ver el Lago atitlan, otros volcanes, la ciudad de Guatemala y all√° abajo me parece que veo hasta el oc√©ano.

Los primeros rayos del sol calientan los dedos helados, apenas tenemos tiempo de hacernos la √ļnica foto de recuerdo y r√°pidamente volvemos a la carretera: nos espera un largo descenso para volver a casa.

El amanecer que nace en Guatemala, panorama desde lo alto del Acatenango

 


Audio vídeo Acatenango, acampar en un volcán activo en Guatemala
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