Hua Shan, la monta√Īa sagrada de China

El calor es realmente insoportable, llevamos unas tres horas haciendo cola para tomar el telef√©rico que nos llevar√° a la cima de uno de los picos del Monte Hua Shan, una de las cinco monta√Īas sagradas del China. La monta√Īa, ubicada a unos 120 km de la ciudad de Xian, tiene cinco picos principales (que le han valido el nombre de Monta√Īa de flores), entre los cuales el m√°s alto es el del sur, con una altura de 2154 m.



Salimos en autob√ļs esta ma√Īana desde la estaci√≥n de Xi'An bajo un cielo gris uniforme y una nube de smog tan densa que apenas pod√≠amos respirar.

El teleférico que te lleva a la cumbre.

Lo que realmente me ha sorprendido de China hasta ahora es esta cortina espesa, venenosa y sofocante, siempre presente, especialmente en los cielos de las grandes ciudades, que cubre el sol convirti√©ndolo en una bola naranja descolorida a trav√©s de densas capas de niebla p√ļtrida a la que se adhiere. la piel en una fina pel√≠cula h√ļmeda imposible de quitar incluso despu√©s de una agradable ducha regeneradora.

Aqu√≠ al pie del Hua Shan la situaci√≥n no es mucho mejor, la visibilidad es pr√°cticamente cero por la niebla, en la que las ra√≠ces de la monta√Īa se desvanecen escondi√©ndose detr√°s de la homog√©nea cortina gris.

La cola serpentea kilómetros por un camino en zig-zag a lo largo de la carretera que va desde el aparcamiento de autocares hasta el punto de partida del teleférico. En la cola, miro con curiosidad a las personas que están a mi lado, y por enésima vez me asombra la cantidad de comida que los chinos son capaces de consumir en cualquier lugar y en cualquier momento del día: verduras, patatas fritas, trozos de carne seca. carne, algo de fruta del sabor incierto.


Se√Īales de senderos en Hua Shan


Finalmente, despu√©s de m√°s de tres horas, junto con un par de caballeros franceses, los √ļnicos otros occidentales inmersos en la marea del turismo asi√°tico que nos rodea, logramos conquistar, no sin un buen esfuerzo, los asientos del telef√©rico. que nos llevar√° hasta la cima, y ‚Äč‚Äčmientras la peque√Īa caba√Īa sube por las escarpadas paredes de la monta√Īa, apoyado en el vidrio observo todo ese gris√°ceo a mi alrededor, interrumpido solo por algunas manchas verdes de arbustos que pueblan las rocas de granito.

En la cima, la situaci√≥n no es diferente. Miles de personas haciendo cola por el estrecho camino, alrededor solo gris, no se ve nada, la desesperaci√≥n finalmente me asalta cuando hasta el √ļltimo atisbo de esperanza se rinde ante la realidad de la situaci√≥n.

Caminamos arriba y abajo por los senderos tallados en la roca compacta durante aproximadamente media hora, ni siquiera podemos llegar al primero de los templos tao√≠stas que habr√≠a para visitar debido a la multitud: la escena ser√≠a c√≥mica si no fueron tr√°gicos, no se ve nada alrededor si no es una marea infinita de chinos que comen, r√≠en, se empujan, gritan, discuten, mientras en el medio los ni√Īos medio enterrados por la masa empujan sus rostros redondos hacia arriba tratando de respirar .

Decidimos escapar. Ni que decir tiene que la cola para tomar el teleférico para el descenso es infinita, con un acto de valentía optamos por recorrer todo el camino por una de las pistas de descenso: el camino del guerrero.
El nombre me inspira un mínimo de sospecha, pero en lugar de arrojarme de nuevo a ese infierno de cuerpos prefiero arrojarme a una jaula de leones y así comienza el descenso.


El rastro del soldado de Hua Shan

El camino es muy empinado. Se han tallado peque√Īos escalones resbaladizos en la roca y se mueven a lo largo de la pared casi verticalmente. Como apoyo para los que bajan y los que suben hay una cadena a la que aferrarse. En un par de ocasiones me quedo inmovilizado por el v√©rtigo, luego con la ayuda de alg√ļn personaje intr√©pido que se toma la molestia de ayudarme logro llegar al fondo despu√©s de varias horas.



Doy un suspiro de alivio.

La tarde casi ha llegado a su fin, con mis √ļltimas fuerzas me subo a un viejo carro que alguien ha tenido el coraje de llamar autob√ļs y me siento fatigado en un viejo asiento descosido, cuyo aspecto me hace preguntarme cu√°ntas generaciones de viajeros pusieron all√≠ sus huesos delante de m√≠.

Hua Shan (foto de Wikipedia)

Todav√≠a tengo en mis ojos las bellas y brillantes im√°genes del monte Hua que se ven en la web, los enormes picos de granito gris recortados contra un cielo despejado, pintados de azul, im√°genes que transmiten la paz que llev√≥ a los sabios de la antigua China a llamar sagradas. la monta√Īa en forma de flor y, al mismo tiempo, me siento invadido por un gran sentimiento de desesperaci√≥n ante el recuerdo a√ļn fresco de ese lugar gris profanado por los ruidos mientras siento que mi boca se llena con el t√≠pico sabor de los perdidos oportunidad.

Las cinco monta√Īas sagradas tao√≠stas:

La monta√Īa del este: Taishan, 1.532 metros. Ciudad de Tai'an, provincia de Shandong.
El Monte del Sur: Hengshan, 1.512 metros. Condado de Hengshan, provincia de Hunan.
El monte occidental: Huashan, 2.160 metros. Comarca de Huayin, Provincia de la Provincia.
El Monte del Norte: Hengshan, 2.017 metros. Condado de Hunyuan, provincia de Shanxi.
La Monta√Īa Central: Songshan, 1.440 metros. Condado de Dengfeng, provincia de Henan.



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